LAS MICORRIZAS

Es lo último se está investigando en bonsái. Creemos por nuestra experiencia en agricultura que causan buen efecto y ya hemos estado practicando por más de 5 años teniendo un buen resultado en mejoras de enraizamiento, mayor crecimiento y defensa ante las enfermedades.

El suelo, hábitat natural de las plantas, lo es también de poblaciones numerosas y diversas de microorganismos (bacterias, hongos, algas, protozoos y virus). En el suelo en contacto con las raíces la vida de los microorganismos se dispara, y el número de éstos se cuenta por decenas de millones de individuos en un solo gramo de suelo. Los estudios sobre microorganismos del suelo se han centrado sobre todo en bacterias y hongos. Entre estos grupos de organismos los hay tanto patógenos como beneficiosos para salud de las plantas.

La mayoría de las plantas presentes en ecosistemas terrestres viven asociadas a ciertos hongos del suelo que colonizan sus raíces sin causarles daño alguno. Esta simbiosis se conoce con el nombre de “micorriza” (hongo-raíz), y los beneficios de la asociación repercuten tanto en el hongo, que obtiene azúcares sintetizados por las hojas de las plantas, como en la planta, que aumenta su capacidad de absorción de nutrientes y de agua. Aunque las micorrizas más famosas en bonsái son las que aparecen en pinos y otras coníferas, el 80% de especies vegetales conocidas forman lo que se denomina endomicorrizas (a diferencia de las de pino, que son ectomicorrizas). La diferencia fundamental está en el desarrollo del micelio del hongo.

Ectomicorrizas el micelio del hongo es externo, se desarrolla sobre y en el interior de las raíces pero sin penetrar dentro de las celulas radiculares. En consecuencia es visible a simple vista formando una envoltura blanquecina, amarilla… claramente identificable cuando trasplantamos un pino. Muchos géneros de hongos forman este tipo de micorriza. En otoño y primavera fructifican formando setas.

Endomicorrizas gran parte del micelio se desarrolla dentro de la estructura celular de la raíz. Esto hace imposible su visualización a no ser que se usen técnicas de microscopia y tinción. Estas micorrizas son típicas de herbáceas, frutales, etc. Parece ser que existen pocos géneros de hongos formadores de endomicorrizas que, sin embargo, llegan a colonizar a la mayoría de especies vegetales que se conocen actualmente. Los hongos endomicorrizógenos más habituales pertenecen al género Glomus y Gigaspora.

CLASIFICACION Y TIPOS DE MICORRIZAS

Además de los dos tipos de micorriza mencionados anteriormente, existen géneros de plantas (erica, cistus…) que forman otros tipos de micorrizas mucho menos frecuentes en la naturaleza. La mayor parte de los géneros de plantas forman ectomicorrizas (5%, coníferas) y endomicorrizas arbusculares (más del 80%, frutales, herbáceas…). En total pués, cerca del 90% de las plantas conocidas por el hombre forman micorrizas de manera natural.

Plantas y hongos micorrícicos han coevolucionado juntos a lo largo del tiempo. Desde la primitivas ectomicorrizas asociadas a coníferas hasta las orquídeas de la actualidad, las plantas has seguido colonizando el medio terrestre gracias a los beneficios de la simbiosis con el hongo. Quizás el caso que más refleja la necesidad de que ocurra la micorrización se encuentra precisamente en las orquídeas, un grupo de plantas muy reciente en la historia evolutiva que depende hasta tal punto de la micorriza que en algunos casos las semillas de estas plantas no consiguen germinar si el hongo micozógeno asociado a la especie no está presente en el suelo. Otro ejemplo significativo de lo vital que es esta simbiosis ocurre en masas forestales de coníferas: se han evaluado reforestaciones donde la supervivencia de plantones micorrizados de modo artificial ha sido espectacularmente mayor que la de los plantones sin micorrizar. Además, se observa como aquellos plantones no micorrizados que logran sobrevivir acaban siendo micorrizados en forma natural en poco tiempo, lo que parece demostrar la gran dependencia de la relación micorrícica en el caso de las coníferas.

ESTRUCTURA DE LA MICORRIZA

Las diferencias estructurales entre las endomicorrizas y las ectomicorrizas se dan a nivel celular, y son debidas a la distinta intensidad de penetración de las hifas (parte vegetativa del hongo) del hongo en la raíz. En caso de las ectomicorrizas, las hifas forman una vaina externa (manto), y aunque penetran en la raíz formando lo que se conoce como red de Hartig, no llegan nunca a entrar en las células radiculares. Una de las consecuencias de la ectomicorrización consiste en el cambio morfológico de la raíz, que tiende a bifurcarse de forma intensa en los puntos de crecimiento activo. Los pelos absorbentes de la raíz dejan de ser funcionales y la planta queda completamente vinculada a la micorriza, que a partir de este momento se encargará de la absorción del agua y de la captación de nutrientes.

En las endomicorrizas el hongo invade la raíz penetrando al interior de las células radiculares vivas, formando muchas veces estructuras denominadas arbúsculos. En este caso no hay manto externo evidente ni red Hartig entre las células de la raíz. La formación de endomicorrizas no comporta cambios morfológicos sustanciales en la raíz, por lo que la distinción entre las raíces de una planta con endomicorrizas de una sin endomicorrizas se basa, como comentamos anteriormente, en determinados protocolos de laboratorio (tinsión).

COMO SE FORMAN LAS MICORRIZAS

El hongo se mantiene en el suelo en forma de esporas, redes de micelio o colonizando raíces activas o fragmentos de éstas que permanecen en el suelo; todas estas formas son capaces de producir propágulos de micorriza. Cuando estos propágalos se activan desarrollan un micelio mediante el cual el hongo contacta y coloniza los tejidos de la corteza de la nueva raíz, llegando a integrarse en dicho órgano debido a que la planta acepta la convinencia con el hongo (sin rechazarlo, como ocurriría en caso de contactar con hongos patógenos). Después el hongo fabrica un micelio externo que se extiende varios centímetros desde la superficie de la raíz y que puede alcanzar dimensiones de alrededor de un metro de hifas (filamentos) por centímetro de raíz micorrizada. Esta estructura conecta a la planta con los microhábitats del suelo y es mucho más eficaz que la propia raíz a la hora de extraer nutrientes y agua del suelo. Estos propágalos son los que están a la venta en nuestros productos.

COMO ACTUAN LAS MICORRIZAS

El sistema radical micorrizado es muy efectivo sobre todo a la hora de extraer nutrientes minerales poco móviles (particularmente iones fosfato, amonio y algunos micronutrientes). También consigue absorber mayor cantidad de agua ligada al suelo: existe un potencial osmótico (variable según las especies) a partir del cual el agua ligada al suelo no puede ser absorbida por las raíces de la planta; en tal momento la planta muestra signos de marchitez, y por tanto, necesariamente se debe regar. Las raíces de las plantas micorrizadas pueden absorber agua fuertemente ligada al suelo incluso a potenciales osmóticos algo más elevados: la consecuencia es que las plantas micorrizadas tienden a superar mejor períodos de sequía o lo que es lo mismo, llegan al punto de marchitez más tarde que las plantas con raíces sin micorriza.

RESUMEN DE EFCTOS DE LAS MICORRIZAS EN LOS SISTEMAS SUELO – PLANTA

Mejoran el enraizamiento, debido a la producción de fitohormonas y vitaminas por parte de los hongos.

Incrementar la disponibilidad de nutrientes, derivado del papel de los hongos micorrícicos en los ciclos biogeoquímicos de los nutrientes minerales.

Mejoran la estructura del suelo como consecuencia de la contribución de la micorriza en la formación de agregados estables en el mismo.

Protegen a la planta frente a estreses bióticos y abióticos, ya que la simbiosis micorrícica contribuye en los procesos de control biológico de patógenos, o a incrementar la resistencia/tolerancia de la planta a salinidad, sequía, estados de deficiencia en nutrientes, exceso de metales pesados, degradación del suelo, etc.

Favorecer la diversidad de las comunidades naturales de plantas.

MICORRIZAS EN AGROSISTEMAS Y SISTEMAS NATURALES E INOCULACION DE HONGOS MICORRÍCICOS

En condiciones naturales la inmensa mayoría de las plantas están micorrizadas, lo cual significa una distribución prácticamente universal de esta simbiosis. Sin embargo, la presencia de simbiosis se puede alterar por la incidencia de determinadas actividades humanas o simplemente por causas naturales que pueden hacer disminuir, e incluso hacer desaparecer potencial micorrícico del sistema. Como consecuencia de estos procesos degradativos se crean situaciones en las que las plantas no pueden encontrar los propágulos de la micorriza necesarios para garantizar un nivel de micorrización adecuado cuando están enraizando. Esto puede ocurrir en agricultura debido a una fertilización excesiva (fundamentalmente de fosfato) o por el uso no controlado de fungicidas. Pero también en ecosistemas naturales, como consecuencia de los procesos de erosión y desertificación se han observado pérdidas de potencial micorrícico a lo largo de los años. Muchas reforestaciones después de varios incendios han sido infructuosas debido a este problema. En la producción de plantas en viveros, la práctica habitual de esterilización del suelo (semilleros, planteles…) o el uso de sustratos sin suelos (hidropónicos), no permite que las plantas puedan adquirir el estado micorrícico en los primeros estadios críticos de su desarrollo.

Cuando los procesos degradativos han afectado a los propágalos del hongo micorrícico es preciso reintroducirlos para que las plantas puedan disponer de propágalos de la micorriza en etapas claves de su vida. Surge así la necesidad de producir inóculos micorrícicos de calidad, adecuadamente seleccionados, y que puedan ser aplicados convenientemente.

Debido a esta necesidad para la salud de su bonsái es que tenemos  en venta estos propágalos que no sólo ayudan a la raíz de su bonsái si no que también lo protegen de la entrada de patógenos sobre todo después del corte de ellas que ocurre en un trasplante.

La forma de aplicarlo es ponerlo justo bajo el sistema radical podado para que quede en contacto con él, otro sistema es abrir un orificio con un palito de trasplante y aplicarlo ahí cerca de la raíz para asegurarse que quede en contacto, y repetir esto varias veces ya que la micorriza tiene muy poco movimiento lateral. Es fundamental fertilizar con fertilizante orgánico y tener un excelente drenaje.